Capítulo 14: Sin noticias de Polly o Los estados e imperios de cerezos

Le criaron en un hogar donde criticar a la gente era herejía, blasfemía, y posiblemente brujería. Mejor pulir piedras frente a bovedas luminosas de vidrio. Sensiblero y a la vez quisquilloso, no le da susto mencionar que como cualquier otra persona – tiene mucha razón para romper ese vidrio de vez en cuando. En esas alturas de 25 años, las cosas que más le dan mala espina son tipos que quieren ser todopoderosos. Según su candorosa especulación, ellos que quieren ser todopoderosos derraman miel, aprovechan deliberamente con el tacto fisico de la amabilidad de su presa con la pretensión de conseguir “Alfa”, y cuya culposa paranoia, debajo el miedo de acusación, lanza dicha auto-acusación interior a la presa exterior ojalando a todas fuerzas que nadie sospechara la fuente de sus actos.

El cenit disoluto del ostentoso mecenazgo de Don/Doña Obsequios@ frecuentamente derrumba rapidadamente del estilo parecido a un golpe de estado. Por cada acción hay por lo menos una acción igual y opuesta – y al cabo de este refran alquímica añadimos, “y con una variedad infinita de otras acciones más.”

Sin embargo menuda sorpresa que, a pesar de observar miríada gilipollezas, criticar a la gente todavía le resultaba a Huck un asunto peliagudo. Eso es la fuerza de la crianza puritana, aunque acabase un adulto áteo, o libertino, o loqueseaíneo.

Pero, ¿Qué tiene que ver con la historia, fiel narrador? seguramente estáis a puntico de preguntarme, mis queridos lectores. Os digo que, a fin de cuentas, Criticar tiene todo que ver con una amistad entre nuestro Huckleberry y su amiga Polly. Os presento a Polly, Polly E. Una chica poca remilgada pero toda la imagen de elegancia. Ella te dejara broncearte en una brillante, ostensible inutilidad frente a sus talentos innatos. Una chica quien partiese de risa cuando se caló por la estrepitosa música improvisada. Una pintora, una fotógrafa, una ceramista, una modelo y para cerrar la frase : una artista.

Polly y Huckleberry tenía mucho en común: adquirieron seudónimos; les fascinaron el arte y cultura de Japon; sostenieron de energía pura; desearon de ver los cerezos de Japon enfloreciendo; no tuvieron recursos para visitar Japon; y, para remate, les gustó el té verde.

Entre las diferencias que compartieron (¿Cómo que no compartimos nuestras diferencias?) mejor contar las vociferantes quejas humanas que numeran igual o más que las estrellas en las imaginaciónes de mis sobrinos.

Mejor dicho, fueron dos diferencias importantes (para ayudar la marcha de nuestro relato): ella tomó azucar con su té verde, él no; ella era bipolar, él no.

Un suicidio, a todas luces, no es sencillo. Pero, sí fue el caso sencillo de que Huckleberry sinceramente no podía criticarla cuando recibió las noticias de su muerte. Entre todo el teatro psicologico de duelo y aflicción, “Criticar” no alcanzó estrenar.

Era en camino de comprar una galleta asombrosamente viscosa de Bradburys, su lugar de trabajo, para tener algo caliente y dulce pa comer cuando llegara a la senda abrazando la orilla del lago Mendota. Estaba lloviendo ligeramente y hacia un viento “fresquitamente” refrescante. Tiempo perfecto para andar sin rumbo. Por casualidad miró su móvil para no sé que, y allí enteró de lo que pasó.

Compró la galleta, asustado sobremanera en shock, abrazó fuertamente a un amigo, y salió. Llegó a la senda y debajo el techo del paraguas contemplaba las nubes lejanas. Niebla bailando encima del lago quieto.

Poco tiempo después, este mismo Huck consiguió un trabajo en Extremadura, España por la duración del próximo curso escolar. Echando un vistazo al internet buscando información de Extremadura, los cerezos enflorecidos de la Valle de Jerte emergiá con cualquiera busqueda. Entonces, con un corazón debilitado y precisamente por eso con una voluntad de hierro, la prometió que – aunque este plazo afuera del país sirviera para nada más – iría a ver los cerezos en flor, suficientemente por los dos.

Entonces, queridos lectores, os llevo al tiempo corriente. Habían pasados 9 meses y Huckleberry se encuentra en el estado e imperio español de los cerezos.

Llega a la estación de tren en Plasencia. Sin noticias de Polly. Decide andar un poco por la ciudad antigua y disfrutar de la sonorosa lluvia dejando carnosos piropos contra el tambor de su paraguas. Pregunta direcciones a la gente áspera cogida en la calle por indecision: ¿Busco paraguas, o busco refugio en una tienda? ¿Cuál de los dos acabará mas barato? Las bípedas actitudes ásperas y crudas le guían a la calle Vinagras. El hostal queda por allí. Sin noticias de Polly.

Echó una siesta de veinte minutos en el hostal, yse preparó para la tarde lluviosa delante de sus convicciones. El ambiente del hostal es anticipadamente estéril. Así que, todavía sin noticias de Polly.

Cuando llega a la estación de autobuses, cruza con un mendigo pidiendo dinero o el truncamiento del frío en sus pies por medio de un café que quema la memoria y provoca digestión de lo que sobra de su pena. Huckleberry fija en la humedad creciendo entre sus dedos encalcetidos, y los azules calzados calados bajo los golosos cántaros huyendo el rabioso celos del cielo. Adolescentes intercambiando dientes y lenguas. Ancianos discutiendo por gusto. Era una escena, era todo un pecado. Sin noticias de Polly.

Nubes y niebla abordan el autobus. Todos distraídos, confusos. Un sonido, los demás vigilan en silencio. El sonido de los frenos despertandose empieza la tímida obra coral.

Empieza la segunda estrofa con la puerta de la valle abriendo y allí se presencia los cerezos manifestando en miles. Voces sostenidas afinando con nitidez la harmonía propia de ésta valle. Las colinas y sierras aparecen de vez en cuando desde el panteon del cogollito de picos fuera de vista, detras de la algodonosa pared entre nosotros y la verguenza de dios. Sin noticias de Polly.

Veinte minutos despues, los cerezos todavía ocupan la mayoría de la vista. A Huckleberry no paran de impresionarle.

Huckleberry baja del autobus, y sube la fachada de terrazas mojadas y llenas de eses arboles decorados de punta en blanco para la ocasión. Sube.

Súbitamente, noticias de Polly. Está escuchando un arroyo corriendo hacia el río con prisa. Escucha la lluvia investigar con curiosidad todos los escpacios que dejan desocupados los pinos. No pasa frío, ni los pies hacen caso del agua que aprovechó de su camino sin camino     de barro     de hierba   de piedras sueltas. Allá, rodeado por unos cuantos almas vestidos todos de lo efímero y lo ardientamente sincero, la liberó de él mismo, con la belleza de la tierra primaveral y el cante de los pájaros como testigos. Era una promesa bonita, cumplida en un lugar profundamente linda.

Huck deseó que a ella la gustara.

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