Capítulo 15: El original Kerouac

“On the road.” J. Kerouac

“Oku no hosomichi” Matsuo Basho

Es equivalente a discutir cual fue primero, Don Q o Genji monogatari. Publicados a la distancia de mares y siglos, no cabe duda. Como empieza “On the road?”

Conocí a Dean poco tiempo después de separarme con mi mujer

“Oku no hosomichi”?

Los meses y los días son viajeros de la eternidad.

Y “El otro mundo o los estados e imperios de la luna”?

La luna estaba llena, el cielo sereno y habían sonado las nueve de la noche cuando cuatro amigos y yo regresábamos de una casa cercana a Paris.

“Sin noticias de Gurb”?

Lo siento, queridos lectores, es que mi edición de este justamente acabó manchada con grasa del churro, y me temo que no hubiera ninguna opción fuera de comer el libro entero conservando todo posible de aquella deliciosa y grasienta ambrosia.

La estrofa corriente de su vida pudiera estar compuesta por una síntesis de las tres líneas posando arriba entre el arrobo de comillas. Miradlas, titilando.

Las calles huyendo de las cascadas perpetuas, las cascadas escapando el radiante juicio de Zeus, y Zeus llorando de relampagosa risa mientras Huckleberry se perdió en las calles de Plasencia. Era un mundo pequeño. Una vida entroncada por las raíces, aunque el lirismo propio de la Creación salga inepto de vez en cuanto y todavía no hemos llegado todos a un acuerdo de cuál de los dioses tiene la culpa. Todos sabemos que ningún dios es el dios o – más probable- la diosa; pero uno de ellos tiene la culpa, sin duda.

Poco sabía Huckleberry que ya tenía un mote: el americano errante. Poco sabía él que estuvo realizando ese mismo mote, por que estaba demasiado enchufado en la busqueda por una librería. Vagó las caras desanimadas, travesía las paramáscaras super hinchadas contra el torrente de la lluviosa Nada ocupando el trono de olimpo.

Eventualmente le sacó de la calle. Fue Tannhauser. La librería-cafetería, Tannhauser.

Wagner se esgrima con deleite maníaco.

Allí Huckleberry compró dos libros que viajaran en paralelo con él durante esta estrofa de la vida. Un libro previamente censurado por la iglesia – y escrita por el famoso Cyrano. El otro, escrito por un poeta itinerante.

Leyendo el diario errante de este poeta Japonés, le dirigio a empujar los alumnos en el terreno de la poesía. El mártes, serían cuatro clases más o menos avanzadas. ¿Podrían superar el reto de poesía colectiva? Sí, con ningún problema. Uno de los primeros esfuerzos gallardos fue así:

Qué pinta de artista!,

cuántos años le quedan?”

Sí, fue un día inspirante, por algunos. La carga de la prueba cayó en ellos para redactar los poemas; cortando lo innecesario y redundante, reajustando lo raro y banal. Al fin, vagabundeando en el llano de la jaula enorme de siete o cinco sílabas, encontraron caminos insólitos.

Este proceso es como se escribe On the road, o Oku no hosomichi. Paso a paso, y cada paso es cada vez más nuevo, más enigmático, más difícil.

 En el gran teatro cerebral estrenan mil obras cada día. ¿Cuáles son las con billetes agotadas? ¿Repiten el próximo día? ¿Qué dice la prensa, la autocrítica? El pupilaje y huespedes del teatro inician música, bandas sonoras, y bandas discordantes. Cualquier día uno se escuchara: “Color granate coronando un arándano azul tendido mientras lisonjea, cuchichea, susurrando anti-occidentes en un cuadro goyesco”, o el tema menos conocido pero inmediatamente apreciado por la expresión a la vez sucinta e infinita, “Disyuntativas expectativas.”

Fuera del teatro y subjectividad hay el prado de lo real. Dejar la huella ahí y acude un charquito que, con el cielo desenvuelto, magnifica bellamente una reflexión de la Vía Láctea. Entonces se viera el ritmo minimalista y furibundo, y cuando se observara adentro de la huella tal imágen tan vertiginosa brotara en la memoria una nueva definición atemporal de identidad.

Se llega a la beatitud de manera oblicua, ahorrando tiempo.

Y es de esta percha, que el buho del haiku, que el maestro denominado Don Banana, que el poco anacoreta genio escribió tantas obritas. La percha común. Ocupada por todos. Su mundo no era distinto, este Matsuo Basho, su mundo era como lo nuestro. Pero, algo ha cambiado. Entre las leyendas Genji-stas, los Obsesionistas errantes manchando la leche de los modernistas, los Kerouac coctél senderistas, y los imperial derrumbamiento expedistas algo ha cambiado. Como ha dicho un poeta Japonés, (aproximación)”Un viaje de mil kilometros empieza con un solo paso” y como ha dicho Huckleberry, “A veces el primer paso empieza con miles de kilometros”, y como ha dicho Kyorai,

“Cima de la peña:

allí también hay otro

huesped de la luna.”

– porque a un nómada, lo que esta totalmente e incesantemente en camino es el conjunto de lo real y lo irreal en perpetuo impredecible desarrollamiento. Es el errante que lo sigue conmovido. Así que nadie es el primero Kerouac pero somos todos los originales viajeros itinerantes.

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